Una protesta al interior del ITESO, en Guadalajara, increpa al gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, por la falta de soluciones a una crisis que lleva décadas sucediendo
El gobernador de Jalisco, el emecista Pablo Lemus, ha sido confrontado a gritos este jueves por un grupo de estudiantes enfurecidos que le han reprochado meses de suministro de agua sucia y maloliente a los hogares de la capital, Guadalajara, y de su zona metropolitana, que en conjunto aglutinan a poco más de cinco millones de habitantes. Al grito de “¡Fuera Pablo Lemus!” y en medio de un ambiente de ira e indignación, los universitarios del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), la misma escuela de la que él egresó, le cuestionaron la grave situación actual en un Estado que lleva décadas padeciendo el problema. “¿Por qué tiene a la ciudadanía tragando agua con mierda?» le gritaron.
Solo unos minutos antes, en una entrevista con el periodista Salvador Camanera, para Radio ITESO, Lemus incluso bromeaba a carcajadas por el olor fétido que el agua ha estado presentando en muchos hogares, incluido el suyo: “Yo recibo agua igual que la que reciben todos. En Casa Jalisco [la residencia oficial del gobernador] me llegó agua no apestosa, hedionda”, declara. A su salida, Lemus dialogó durante algunos minutos con los estudiantes, a quienes les prometió realizar un foto para explicar la situación “técnicamente”.
La indignación de los estudiantes del ITESO ha sido solo una de las muchas manifestaciones que han sucedido en Guadalajara, no solo desde que se agravó la crisis de agua tras este fin de semana, sino desde los primeros meses del año, y todavía más presente, antes y durante el Mundial de Fútbol, del que Guadalajara fue una de las sedes. Y este domingo está convocada una megamarcha ciudadana para exigir que el problema sea atendido y resuelto.
Soluciones, tras años de omisión
Después de meses de denuncias y protestas públicas por el agua turbia, de color amarillo, rojo, incluso negro, con espuma y con un fuerte olor a drenale, el pasado martes 6 de octubre, Lemus salió a “reconocer” la existencia de una crisis por la calidad del agua. Ese mismo día, anunció que tomaría medidas a corto y mediano plazo para atenderla. El mandatario aseguró que, según la recomendación de los expertos, las soluciones eran dejar de usar el agua de la presa Las Pintas y del sistema antiguo que abastece de agua a la región desde el lago de Chapala, lo que implica que, ante la llegada de menos recurso, habría que cortar el suministro algunos días y ciertas zonas. Es decir, usar, en los próximos seis meses por lo menos, los llamados “tandeos”.
Además, este jueves, ante un reiterado llamado del gobernador para que la federación asumiera “su parte”, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el problema se solucionará a través de la colaboración con Jalisco. Lemus, durante su entrevista con Radio ITESO, detalló que su Estado correría con los gastos para la construcción del Acueducto Sustituto Chapala-Guadalajara y que la federación se encargaría de lo correspondiente a la presa El Zapotillo, una obra que opera aún de forma parcial .
Sin embargo, la promesa de la construcción del acueducto sustituto no es nueva. Y, en su momento, fue contemplada y luego rechazada por Enrique Alfaro, que gobernó al Estado entre 2018 y 2024. Juan Pablo Macías, activista y analista de datos del agua, contó a este periódico su conclusión sobre la crisis que apenas entraba en un punto álgido, en abril pasado, cuando recordó que, tras su salida, Alfaro aseguraba que, gracias a obras hechas durante su administración, el suministro de agua potable estaba asegurado “al menos 50 años en Jalisco”: “Ha habido una serie de omisiones y de malas decisiones sexenio tras sexenio, por lo menos en los últimos 25 o 30 años. Varias personas y yo hemos demostrado con números que tal suministro no está garantizado a 50 años, que si bien se completó la obra de la presa El Zapotillo, no hay certeza de que pueda aportar los dos metros cúbicos por segundo que Alfaro decía. No hay un estudio hidrológico que sustente eso”, decía Macías.

El Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa) ha sido el blanco de las denuncias, pero la responsabilidad recae también en los municipios y en la clase política que durante más de nueve meses no ha logrado hacer la diferencia para la población afectada. “No tenemos recursos”, dijo el pasado 12 de marzo el que todavía era director del Siapa, Antonio Juárez Trueba, quien sería cesado del puesto solo unos días después.
En una entrevista a este diario, en abril pasado, en las instalaciones del macrotanque de Las Huertas, en Tlaquepaque, el nuevo director del Siapa, Ismael Jáuregui, hizo un largo diagnóstico de las condiciones en las que recibía el organismo: las finanzas en “bancarrota”, muy poca recaudación y cerca de 300.000 cuentas que consumen agua sin pagar. En su opinión, la infraestructura necesitaba al menos una inversión de 80.000 millones de pesos para alcanzar las condiciones óptimas.
La marcha del 11 de octubre
El encono de la población llega a su límite. Los vecinos de varias colonias afectadas han insistido desde hace meses para que sus autoridades les informen sobre los contaminantes a los que han sido expuestos al usar el agua potable sucia que llega a sus hogares, sin recibir una respuesta clara. El trabajo de rastreo lo han hecho investigadores independientes, académicos y periodistas locales.
En julio pasado, el secretario de Salud de Jalisco, Héctor Raúl Pérez Gómez, y José Antonio Muñoz Serrano, comisionado para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado (Coprisjal), aseguraron que solo en 200 de las más de 2.000 colonias de la zona metropolitana de Guadalajara se presentaron reportes de agua “con color, olor o sedimentos” y que el Gobierno ya atendía el problema. Ambos funcionarios negaron que el agua sucia representara un peligro: “No hay un incremento atípico de enfermedades gastrointestinales o conjuntivitis, por ejemplo, asociadas al agua”, declararon.
Además, muchos afectados siguen pagando el servicio de agua al Siapa, pese a que no pueden usar el líquido ni siquiera para lavar su ropa o usarla en sus casas. Muchas familias se han visto obligadas a comprar garrafones de agua, las imágenes de carritos o personas transportando estos contenedores de agua purificada han proliferado en los meses recientes.
La megamarcha para exigir agua limpia ha sido convocada desde la sociedad civil, aunque también la causa y las protestas han sido usadas por fracciones políticas opuestas a Movimiento Ciudadano, el partido del gobernador, para ejercer presión sobre la actual administración. Los vecinos rechazan la politización del problema y han exigido reiteradamente que no se use esta crisis para beneficio de ninguna razón política. La manifestación, que se espera sea multitudinaria, partirá este domingo 11 de octubre desde la glorieta de La Minerva hacia Casa Jalisco. “Vierten muerte al río, y llega hasta tu casa”, dice uno de los afiches convocantes.

