Leer 20 minutos al día puede hacer algo que pocas actividades logran: calmar tu sistema nervioso

En un entorno marcado por la sobreestimulación digital, la lectura ahora funciona como un mecanismo fisiológico para reducir el estrés. Diversas investigaciones coinciden en que dedicar unos minutos al día a leer puede activar procesos cerebrales que llevan al cuerpo de un estado de alerta a uno de descanso. Un estudio explica cómo muchas de las funciones cognitivas humanas actuales se apoyan en circuitos neuronales antiguos. La lectura, aunque es una habilidad relativamente reciente en términos evolutivos, reutiliza sistemas diseñados originalmente para detectar patrones en el entorno, una capacidad crucial para la supervivencia. Según el análisis retomado por Big Think, leer activa estas redes neuronales profundas y coordina múltiples regiones del cerebro, desde el sistema visual que reconoce letras hasta las áreas del lenguaje y la memoria. Este esfuerzo coordinado no solo tiene un efecto cognitivo, sino también fisiológico. El resultado es un cambio en el sistema nervioso autónomo, se reduce la actividad del sistema simpático (asociado con el estrés) y se activa el sistema parasimpático, responsable del descanso. En términos prácticos, esto se traduce en una disminución del ritmo cardíaco, una respiración más profunda y menos tensión muscular. Leer también se siente en el cuerpo Lejos de ser una actividad pasiva, la lectura genera respuestas medibles en todo el organismo. El estudio describe este proceso como un “cambio neuroquímico en tiempo real”, donde incluso las experiencias ficticias son procesadas como simulaciones de la vida real. Esto significa que al leer sobre una acción o emoción, el cerebro activa regiones similares a las que usaría si estuviera viviendo esa experiencia. Es lo que algunos investigadores llaman “lectura encarnada”, una forma de practicar situaciones en un entorno seguro. Este fenómeno también aparece en el análisis de Pearson, donde se detalla cómo distintas áreas cerebrales reaccionan ante estímulos narrativos. Por ejemplo, la corteza motora puede activarse al leer sobre movimiento, mientras que la corteza sensorial responde a descripciones táctiles. Seis minutos pueden marcar la diferencia Uno de los datos más contundentes proviene de un estudio de la Universidad de Sussex,leer durante solo seis minutos puede reducir los niveles de estrés hasta en un 68%. El efecto es incluso mayor que el de actividades como escuchar música, tomar té o salir a caminar. El neuropsicólogo David Lewis, autor del estudio, señala que el impacto no depende del tipo de libro, sino del nivel de inmersión. Cuando una persona se sumerge en una historia, su atención se desplaza por completo, lo que permite desconectarse de preocupaciones inmediatas. Además, investigaciones de la Universidad de Toronto indican que la lectura de ficción aumenta la tolerancia a la incertidumbre, una habilidad clave en contextos de estrés prolongado. Una herramienta accesible y subestimada Más allá de los datos científicos, hay un consenso creciente, la lectura puede funcionar como una herramienta accesible para la regulación emocional. A diferencia de otras prácticas de bienestar, no requiere equipo, entrenamiento especializado ni condiciones específicas. Big Think sugiere que la clave está en la constancia y en la elección del contenido. Leer ficción, por ejemplo, puede ofrecer un descanso más profundo al involucrar la imaginación, mientras que establecer rutinas, como leer antes de dormir, potencia sus efectos al reducir las hormonas del estrés. El estudio destaca el valor de integrar la lectura en la vida cotidiana, especialmente en contextos educativos, donde puede ayudar a mejorar no solo el rendimiento académico, sino también la resiliencia emocional. Nota tomada de: Xataka México

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¿Playlist contra la depresión?: la neurociencia investiga cómo la música puede ayudar a tratarla

En distintos estudios, los pacientes que disfrutan de la música mostraron mayor sincronización cerebral y mejora en síntomas depresivos (Imagen Ilustrativa Infobae) Un ejercicio antes de empezar: imaginemos que el cerebro es como una orquesta sinfónica y que, en personas con depresión, algunos instrumentos de la orquesta pueden estar desincronizados, como tocados a destiempo o tal vez de manera disonante, lo que provoca que la música que produce el cerebro no suene armoniosa, afectando su bienestar emocional. Un estudio reciente publicado en Cell Reports, sugiere que la música que escuchamos podría actuar como un director de orquesta, ayudando a que estos instrumentos vuelvan a sincronizarse y a tocar de manera coordinada. Lograr que las diferentes partes del cerebro “toquen” juntas y en armonía, especialmente en las áreas relacionadas con las emociones y la recompensa. Esta es la cuestión. Y la forma con la que se podría restaurar un estado de equilibrio, para ayudar a aliviar los síntomas de la depresión resistente a tratamientos convencionales. La música es una de las expresiones artísticas más valiosas. Nos permite experimentar y expresar una amplia gama de emociones, a tal punto que su impacto en la vida humana ha llevado a numerosos estudios científicos a investigar sus efectos en la salud y las emociones. Un estudio de Cell Reports muestra que la música puede sincronizar las ondas cerebrales en áreas clave del cerebro relacionadas con las emociones, como la corteza auditiva y el circuito de recompensa, lo que sugiere su potencial como herramienta terapéutica en la depresión Por citar un ejemplo reciente de la música popular, una investigación dirigida por el psicólogo Michael Bonshor de la Universidad de Sheffield, analizó cómo ciertas canciones influían en el bienestar emocional. Según Bonshor, “Good Vibrations” de The Beach Boys, lanzada en 1966, es la canción que más felicidad genera entre los oyentes. Este tema se destaca por su uso de tonalidades mayores, un ritmo de cuatro tiempos por compás y una estructura sencilla que facilita recordarla. Otras canciones mencionadas en la investigación con características similares, según el estudio, son “I Got You” de James Brown y “Get the Party Started” de Pink. Estudios previos han revelado que las canciones con un ritmo de 137 beats por minuto y el uso de acordes de séptima tienden a ser percibidas como especialmente alegres. La música es sin duda una expresión artística que genera bienestar. Ahora bien, ¿puede también ayudar a tratar enfermedades como la depresión? Se ha comprobado que las canciones modulan la actividad neuronal en estructuras cerebrales subcorticales, lo que influye en nuestro estado de ánimo. Por eso, algunos expertos creen que la música podría convertirse en una herramienta eficaz para combatir esta enfermerdad de la salud mental que hoy es cada vez más común a nivel global. La OMS estima que la depresión ha aumentado un 18% en la última década, afectando a más de 280 millones de personas La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la depresión como una enfermedad que afecta la capacidad de las personas para llevar a cabo actividades diarias como trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida. Su origen se encuentra en una compleja interacción de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos. La depresión ha experimentado un aumento notable en los últimos años, especialmente después de la pandemia, afectando actualmente a más de 280 millones de personas en todo el mundo, según estimaciones de OMS. Este número representa un incremento del 18 % en comparación con la década anterior. En el último tiempo, la depresión ya ha dejado de ser un tema que toca de cerca a los adultos. La Encuesta Global Generación Z 2022 del McKinsey Health Institute (MHI), desarrollada por la consultora Oliver Wyman con más de 42.000 participantes de 26 países, reveló que el 50 % de los jóvenes ha buscado ayuda para afrontar problemas de salud mental. El nuevo estudio por dentro En la investigación de Cell Reports, un equipo de investigadores ha explorado la reacción neurológica a la música en un grupo de 23 pacientes con depresión resistente a tratamientos médicos. En el estudio, se observaron las oscilaciones neuronales tanto del córtex auditivo, responsable del procesamiento sensorial, como del circuito de recompensa, encargado de las emociones. Investigadores han descubierto que la música puede restaurar el acoplamiento temporal entre la corteza auditiva y las estructuras subcorticales del cerebro, activando respuestas antidepresivas, especialmente en pacientes con depresión resistente al tratamiento Los resultados mostraron que estas oscilaciones se sincronizaban con el ritmo de la música, lo que sugiere que lo que se escucha se refleja en lo que se siente. Los autores del estudio consideran que este fenómeno de sincronización podría ser la clave del potencial curativo de la música en el cerebro humano. Sin embargo, aún existen lagunas en el conocimiento sobre el proceso neurológico desencadenado por la música, aunque este estudio representa un paso más hacia su comprensión. El estudio, realizado por un equipo internacional de científicos liderado por el Dr. Xin Lv, se centró en la idea de que la música podría inducir una forma de sincronización cerebral conocida como “acoplamiento temporal triple”. Esta sincronización involucra a tres áreas clave del cerebro: la corteza auditiva, el núcleo de la estría terminal (BNST) y el núcleo accumbens (NAc). Estas áreas están directamente relacionadas con la respuesta emocional y el circuito de recompensa, que suelen estar desregulados en personas con depresión. Mediante el uso de registros intracraneales y electroencefalogramas (EEG), los investigadores observaron que cuando los pacientes escuchaban música, se producía una sincronización de las ondas cerebrales en estas regiones, particularmente en las oscilaciones theta y gamma. Esta sincronización fue más pronunciada en los pacientes que disfrutaban de la música, lo que sugiere que el disfrute subjetivo juega un papel crucial en la eficacia del tratamiento musical. El disfrute subjetivo de la música juega un papel crucial en su eficacia como tratamiento, como demuestra un estudio donde los pacientes que disfrutaban más de la música mostraron una mayor sincronización cerebral y una mejoría más notable…

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